El Puro Cuento

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Por amor al cuento

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Durante los últimos diez años de rabiosa competencia comercial, las grandes editoriales en México han adoptado la tendencia estadunidense de seguir los dictados del mercado masivo; les interesa vender, no crear lectores. Por alguna razón, dicen que las novelas se venden mejor que los libros de cuentos y se niegan a recibir originales de este género corto, sobre todo si se trata de la obra de escritores jóvenes. Como si en nuestro país el libro y medio que se lee per cápita en un año, pudiera traducirse en una novela y media. Lo grave es que si prevaleciera esta manera de juzgar lo que vale la pena publicar y lo que no, el futuro de la edición de cuentos puede volverse incierto, a pesar de que este género literario abre rendijas que muestran la condición humana en pocas páginas y a través de ese hechizo ha atrapado a sus lectores desde siempre.

     Es por eso que vale la pena celebrar la aparición de la revista El Puro Cuento, número dos, que dedica este volumen a la nueva narrativa dominicana. Porque la aparición de una segunda revista habla del compromiso de la editorial con los lectores enamorados del relato corto.

     Los cuentistas mexicanos hemos recibido esta revista con gratitud, porque Editorial Praxis vino a ocuparse de llenar el hueco de la legendaria revista El Cuento, que durante tantos años dirigiera Edmundo Valadés. Es de suponer que andar los pasos de un gigante debe ser algo que ocasione temor, por eso es tan digno de aplauso el esfuerzo del equipo que hace posible El Puro Cuento; hacía tanta falta que alguien como Carlos López se atreviera, con las mismas agallas con que han mantenido viva durante veinticinco años una editorial independiente.

Hace años, los aprendices de escritores comprábamos El Cuento, porque además de textos excelentes que nos mostraban el camino, siempre encontrábamos reflexiones y consejos sobre este género tan complejo. Insisto, hacía falta, no sólo porque sea toda una proeza conseguir algún número de la vieja revista, sino porque tanto los narradores veteranos como los jóvenes, somos necios y seguimos escribiendo cuentos. Por lo mismo, el sólo hecho de que exista en nuestro país una revista especializada, se convierte en un atisbo de esperanza en cuanto a la supervivencia del cuento en el ámbito de las publicaciones en México.

     Para abrir boca, la revista nos ofrece un poema de León Felipe sobre este género literario. El poeta dice: «Yo no sé muchas cosas, es verdad./ Digo tan sólo lo que he visto./ y he visto:/ que la cuna del hombre la mecen con cuentos…».

     Sin espacios como El Puro Cuento, ¿cómo surgirán los cuentos del mañana? ¿Dónde conoceremos a los jóvenes cuentistas? Y si lo que dice León Felipe fuera cierto, ¿qué vamos a hacer cuando no haya más cuentos para mecer las cunas? ¿O nuestros hijos tendrán que mecer el sueño de sus vástagos con best-sellers?

     Después de una breve reflexión sobre los contenidos de este segundo número, aparecen los «Apuntes sobre el arte de escribir cuentos», de Juan Bosch, quien fuera un excelente cuentista dominicano, que además de haber sido presidente de su país por un corto periodo, también fue mentor de García Márquez. Estos apuntes fueron condensados y recuperados por Carlos López en diez consejos prácticos, que como el cuento, no por ser cortos dejan de escindir el aire con su innegable sabiduría.

     Y aunque no venga a cuento, es necesario mencionar que si ustedes no conocen o no han comprado el libro de Carlos López de esta misma editorial intitulado Decálogos, mandamientos, credos, conceptos y preceptos para oficiantes de la escritura, no dejen pasar mucho tiempo, porque se trata de una pequeña obra indispensable para cualquiera que pretenda sentarse a escribir literatura.

     Pero basta de digresiones y vayamos al objeto central de la revista, que es la nueva narrativa dominicana. Los cuentos dominicanos tienen una poética que los marca, quizá porque los escritores son jóvenes, los tonos caribe resultan innegables. No es el mar, ni la isla, es el alma, algo así como un líquido caudal que irriga las palabras; no son los temas, sino el espíritu. Algunos narradores ponen más atención a la oralidad y surgen los coloquialismos: voces de sal y calor, voces de un paraíso compartido con Haití, voces de colores oscuros, sin eses, como bien mirao, o e’ta negra; otros tienden hacia la expresión más universal del español, y sin embargo, se siente la salinidad, el calor, los vientos de la isla como trasfondo del lenguaje, como el mismo cielo y el mismo suelo… No es que en todos se hable directamente de Santo Domingo, pero estos textos tienen que ser caribe por fuerza, es el ritmo, son las pausas y las repeticiones; los cuentos tienen un tamborileo afroantillano, como de un reggae cachondo en algunos casos, o nostálgico en otros. De esa forma, los jóvenes narradores dominicanos van cantando sus historias a través de cuentos y como dice León Felipe que ha visto «el llanto del hombre taponado con cuentos,/ y los huesos del hombre que se entierran con cuentos,/ y el miedo del hombre que ha inventado todos los cuentos».

     Aunque la revista no se limita a República Dominicana, sino que publica minificciones y cuentos de escritores que viven a lo largo de toda Latinoamérica. Y díganme, ¿a quién le estorba saber qué están escribiendo nuestros colegas?

     Pero ya basta de halagos a Carlos López y a Editorial Praxis, es mejor hacer una invitación a que ustedes compren y lean este número dos de El Puro Cuento, puesto que esa es la única forma en la que este tipo de iniciativas pueden recibir apoyo y sobrevivir en la batalla frente a las editoriales comerciales. Porque hacen falta estos proyectos valientes en nuestro país. Y también, porque es necesario seguir leyendo cuentos viejos y nuevos, aunque haya quien piense como el viejo poeta refugiado, tan querido, aunque a veces, tan amargo: «Yo no sé muchas cosas, es verdad,/ pero me han dormido con todos los cuentos…/ y sé todos los cuentos».

     Tengo la certeza de que yo no sé todos los cuentos, pero me gustaría. ¿Y a ustedes?

 

Teresa Dey, La Jornada Semanal, México, 22 jul, 2007

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