El Puro Cuento

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El Puro Cuento

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Ya está circulando la nueva revista El Puro Cuento, nueva em­presa de Carlos López, un quijote guatemalte­co que vive en México desde los tiempos cuan­do la violencia empujó a los nuestros al exilio. Dedicarse a publicar re­vistas es una empresa que sólo los muy volun­tariosos pueden empren­der, y mucho más heroico el intento si se escoge co­mo tema la literatura, y en particular ese género tan querido y al mismo tiempo tan mal tratado, el cuento.

      La esencia de todo buen narrador está en el cuento. Los anti­guos se pasaban verbal­mente las historias de ge­neración en generación, como se transmiten hoy día los chistes, y en el ca­mino las historias variaban, se diferenciaban, y terminaban siendo obras diferentes, aunque en sus orígenes fuera la misma. La idea de la novela surge mucho des­pués, cuando la ambición del lec­tor exigió el largo aliento a los au­tores, prolongar las historias como un culebrón, y se puso de muda pu­blicar por entre­gas en los diarios, y hoy en día hay quienes lo cali­fican de género menor, pero na­da que ver. Tito Monterroso nos demostró en casa que la brevedad funciona, y para Antón Chejov: «La brevedad es hermana del talento».

      La nueva revista de nuestro compatriota se dedica a rendirle tri­buto al cuento. En el pri­mer número se publica obra inédita en castella­no de Chejov, ese maestro inigualable del relato breve, según traducción del cu­bano René Portas; a lo que se suman cinco cuen­tistas, uno clásico, el ja­ponés Hyakken Uchida y una serie de mexicanos relativamente jóvenes, Argüelles, Ferrer, Avilés, Rosado, Ramos, Téllez, Rosales, Elizondo... por aquí desconocidos, fres­cos contadores de historias, que re­nuevan en los lec­tores el gusto por la prosa breve, con todo su poder.

      La revista cuenta con un in­termedio dedicado a la plástica, donde se muestran foto­grafías a todo color de la obra en acrí­lico sobre papel del mexicano Guiller­mo Ceniceros. Tam­bién, incluye una en­trevista con Bárbara Jacobs, y una sección de opinión de nuestro compatrio­ta J.L. Perdomo, en donde evoca amoro­samente sus lecturas de Cesare Pavese, el genio turinés que se qui­tó la vida en 1950.

      La revista circula en algunas de nuestras li­brerías, y para quienes estén interesados en el tema y el esfuerzo, la obra se adquiere en http://www.editorialpraxis.com.

 

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«En mi época no había best-sellers y no podíamos prostituirnos. No había quien comprara nuestra prostitución».

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