El Puro Cuento

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Frank Báez

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Después de recibir varios e-mails de Ariadna, finalmente pasé por la casa de su mamá a buscar el segundo número de la revista mexicana El Puro Cuento. Doña Ramona me pasó la revista y me pasó los dos libros que Ariadna ha publicado en México. La novela Por el desnivel de la acera (Editorial Praxis, 2005) y un libro de poemas bicéfalo (de un lado, Ariadna con La palabra sin habla, y del otro, Daniela Camacho con En la punta de la lengua).

     Tomé la revista El Puro Cuento que sin duda alguna tiene uno de los mejores formatos que he visto jamás. Me encanta el tamaño y los colores. Me encanta la advertencia que tiene en el interior: «En esta revista no publica Carlos Monsiváis». El número que tengo es dedicado a la nueva narrativa dominicana. ¿Existe una nueva narrativa dominicana?, me pregunto. En el prólogo me responden: «Pero es difícil, siempre, hacer un diagnóstico certero del camino que está tomando la literatura en una determinada zona geográfica. Y en una isla, con su curiosa sensación de encierro, que además es compartida entre dos países, el intento es histérico y se vale».

     La revista abre con un decálogo del cuento de Juan Bosch, ensamblado por Carlos López, a partir de «Apuntes sobre el arte de escribir cuentos». Tiene un cuento de Juan Dicent, de Rosa Silverio, de Enmanuel Andújar, de María Isabel Soldevilla, de Hyden Carrón y de Pedro Antonio Valdez. Hasta tiene un cuento mío y una entrevista que me realizó Ariadna acerca de mi narrativa. Los textos se pueden leer en el sitio web de la revista: www.elpurocuento.com. El cuento no lo soporto, pero la entrevista es más divertida y la he vuelto a releer como si se tratara de otra persona. Hace un rato, Javier Moreno me comentaba que era demasiado seria. Creo totalmente lo contrario.

     Hace como cuatro años, Ariadna me dijo en un café que abandonaba el periodismo para dedicarse a la literatura. Recuerdo que le pregunté si pensaba que en cincuenta años íbamos a seguir escribiendo o si íbamos a dejar de escribir en un par de meses. Ariadna no respondió. Ninguno de los dos agregamos otra cosa. De seguro nos quedamos mirando fijamente las tazas de café, como si pudiéramos hacer temblar su contenido con la fuerza de la mirada. Años han pasado y recuerdo la pregunta. Es más, me hago la pregunta a diario, cuando leo un libro o me siento a escribir. Y ahora me pongo contento, pensando que aún seguimos escribiendo y que cada vez faltan menos años para cumplir los cincuenta años de la predicción.

Frank Báez

 

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si de ti no provienen,
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